Pedro Alonso Cabrera
Coach Consejo Mediación

Depresión, destino común de distintos sufrimientos

Depresión, destino común de distintos sufrimientos

Es frecuente oir hablar de la depresión como un mal en sí mismo, como un mal que nos genera nuestra forma de vida, nuestra sociedad moderna, estresada y tensa.

Mi forma de verla es muy distinta. Para mi, la depresión viene a ser ese pozo común donde terminan cayendo multitud de personas, con las mas diversas historias vitales; gentes de cualquier condición económica, sexo, raza o edad.

Los caminos vitales que han transitado son distintos, pero los padeceres son comunes y el destino final los une a todos en una misma definición: depresión. En ese momento, todos manifiestan los mismos síntomas pero las causas son distintas.

Por tanto, tratar la “depresión” como una enfermedad en sí misma no tiene sentido, por cuanto lo que hay que tratar es la razón por la cual cada persona aquejada de ese mal, habiendo recorrido un camino distinto que el resto, llega a la misma situación.

Creo que esas “causas”, aunque distintas, tienen en común alguna historia de frustración contínua y el abandono final al haber perdido toda esperanza para seguir intentando un cambio o la consecución de un objetivo. Y todos ellos, cambios y objetivos, vinculados a necesidades naturales intrínsecas a nuestra condición de seres humanos.

No voy a relacionar todas y cada una de las causas, pero a fin de ilustrar mi explicación pondré como ejemplo la necesidad de afecto, o incluso solamente, la necesidad de ser reconocido aunque sea mínimamente por el grupo y en casos de extrema necesidad por cualquier grupo.

Cuando una persona espera atención, afecto, cariño… (aunque sólo sea un poco de atención, de afecto o de cariño) y lo espera un día tras otro de personas a las que quiere y aprecia, a las que se ha entregado con amor, dándo su tiempo, que es lo más valioso que tiene porque el tiempo es lo único que tenemos; el tiempo que regalamos es parte de nuestra vida, que más corta o más larga tiene un fin. Por eso, cuando has entregado tu vida, tus horas, tu cariño, tu dedicación, tu atención… en definitiva tu amor… y esperas…  y esperas… y esperas… un día, otro día, un mes, un año, muchos años… por una señal, una sonrisa, una caricia, una frase o tal vez sólo una palabra que nunca viene… en algún momento, tiras la toalla, miras hacia atrás y sientes pena de tí mismo, de tí misma… pero ya no puedes hacer nada; el tiempo que diste jamás lo recuperarás, aunque no sería esa tu felicidad, sino muy al contrario, recibir de esas personas a quienes has dado mucho una simple palabra que venga a decir “gracias, soy consciente de todo lo que has hecho y te quiero mucho”.

Cuando bien avanzado el camino vital, de repente, de la noche a la mañana, comprendes que tu esperanza es vana y que jamás recibirás una migaja de afecto a cambio de tus excelsas viandas de amor, te derrumbas y quieres desaparecer de este mundo, no quieres levantarte de la cama, no quieres hablar con nadie, no sientes necesidad de hacer nada, ni siquiera hacer nada por tí mismo, por tí misma; y sientes que, si al fin y al cabo no te mereces el cariño de nadie, tampoco te mereces el tuyo.

Y ahí estás… hundido o hundida después de caminar y caminar muchos años. Y nadie comprende qué te pasa porque “lo tienes todo” -dicen-.

Y ahí estás… en un pozo común, compartiendo espacio y síntomas con millones de personas muy diferentes a tí y con recorridos vitales distintos, pero por una razón u otra, después de intentar algo una y mil veces, han llegado a la desazón, el desánimo y el sentimiento de inutilidad ante cualquier cosa que puedan hacer y por lo tanto, dejan de hacerlas y se paran.

Tratar ese cartel con que ha sido definido tu padecer no tiene sentido. Tratar la “depresión” en sí misma no tiene sentido. Hay que tratarte a tí para que recuperes la ilusión por la nada, la ilusión simplemente por estar, por ser. No se trata de recuperar la ilusión para emprender un nuevo proyecto o aceptar ese “cariño” que ahora quieren darte y que parece ficticio. El objetivo es que simplemente aprendas a disfrutar de tí y de todo lo que te ofrece tu entorno, y que hasta ahora estaba oculto por tu actitud de mantenerte centrado en la necesidad de conseguir ese ese afecto que nunca llegó, o esos proyectos que nunca cuajaron.

No hace falta animarte, no hace falta razonarte, no hace falta empujarte… sólo hay que dejar que vivas tu dolor de renacimiento, para que de la crisálida en que te has convertido pases a ser la bella mariposa que siempre fuiste y te negaste. Es hora de comenzar a disfrutar de las flores… del sol… de la brisa…

Y serás un nuevo ser, tus valores habrán cambiado, ni siquiera sentirás rabia por aquellas personas de las que esperabas cariño, palabras, caricias…

Y el mundo se abrirá ante tí y tú te abrirás al mundo.

Tu depresión habrá desaparecido porque ya no te importan las causas que la originaron.

Ahora ¡vuela!

Pedro Alonso Cabrera
Psicólogo



Consulta mas consejos y sugerencias en

Facebook . Google+ . Blogger
Servicios de Consulta
disponibles a partir del 2 Enero 2019,

Consulta Urgente Consultar OnLine Consultar email Pedir Cita