Aceptar no es resignarse


mujer optimista dedo arribaAlguien me dijo que el secreto de la felicidad, la de su felicidad, residía en aceptar. Al menos eso era lo que había aprendido de la vida.

Aceptar las cosas como vienen, aceptarse como se es, aceptar las circunstancias que nos controlan, nos dominan, nos pueden.

Aceptar que no somos perfectos y que no todo nos saldrá bien. Aceptar que los que nos rodean tampoco son perfectos y también se equivocan.

Pero aceptar no quiere decir resignarse. Que las cosas sean de una forma no quiere decir que no podamos mejorarlas (las que podamos mejorar, las que dependan de nosotros).

Si me cuesta relacionarme con los demás pero deseo ser más sociable puedo hacer un programa para conseguir aumentar mi capacidad de relación. Y para ser feliz, tengo que aceptar que tal vez ese programa o ese propósito no vaya todo lo rápido que yo deseo, pero estoy poniendo de mi parte para mejorar. Con eso me debe bastar y eso me debe hacer feliz. Quizá no llegue a ser un showman entre mis amigos, pero conseguiré ser mejor de lo que era el año pasado.

Hay dos formas de ver las situaciones:

a)  “jamás llegaré a ser tan divertido y dicharachero como mi amigo”, o

b)  “jamás pensé que pudiera mantener una conversión de media hora con alguien que me acaban de presentar”.

Si tus pensamientos son del tipo b) estarás en la continua felicidad, a gusto con tus avances por muy pequeños que sean. Aceptándote como eres, como has nacido y aceptando tu camino, el que has elegido y la velocidad con que avanzas en el mismo.

Aceptar no es resignarse, y aceptar da serenidad y seguridad para comenzar a cambiar lo que puedas cambiar, lo que dependa de tí, es el comienzo del camino a tu felicidad.